El Mejorador de Gramática revisa un borrador existente para detectar problemas en las frases: falta de concordancia, cambios de tiempo verbal, fragmentos, errores de puntuación, modificadores confusos, repeticiones y redacción innecesariamente enrevesada. Devuelve una versión revisada y, cuando la respuesta lo permite, una lista de correcciones sugeridas. Se trata de una pasada de diagnóstico editorial; no determina si los hechos, el argumento o el asesoramiento profesional de fondo son correctos.
El significado puede cambiar incluso cuando una frase parece más fluida. Eliminar una expresión de cautela puede convertir un hallazgo provisional en una certeza. Sustituir un término técnico por un sinónimo cotidiano puede volverlo inexacto. Desplazar «solo» unas palabras puede alterar qué elemento queda limitado. Compara el resultado con el original y presta especial atención a cifras, nombres, citas, negaciones, condiciones, lenguaje jurídico y vocabulario propio de la disciplina.
La voz exige el mismo cuidado. Acortar todas las frases puede borrar un ritmo deliberado, mientras que formalizar un correo puede hacer que una relación cercana suene distante. Decide antes de revisar qué convenciones importan: variante regional, mayúsculas preferidas, puntuación, lenguaje inclusivo, términos de marca y grado de formalidad. Acepta las sugerencias que resuelvan un problema real de lectura y rechaza los cambios que solo den a la prosa un acabado genérico.
Para materiales de alto riesgo, recurre a una segunda persona con conocimiento del tema. Una cláusula contractual, una instrucción clínica, una comunicación financiera o un trabajo evaluado necesitan algo más que una sintaxis limpia. Conserva el control de cambios cuando sea posible, verifica por separado las citas y las afirmaciones y lee el texto final en voz alta. El objetivo es expresar con precisión el mensaje del autor, no crear otro mensaje que simplemente sea correcto desde el punto de vista gramatical.