El Evaluador de Legibilidad calcula características superficiales del texto introducido en la aplicación. Cuenta palabras, frases, caracteres, sílabas y términos difíciles, y después aplica varias fórmulas reconocidas. Flesch Reading Ease estima la facilidad relativa, mientras que Flesch-Kincaid, Gunning Fog, SMOG, Coleman-Liau, ARI y Dale-Chall expresan la dificultad mediante distintos supuestos de nivel educativo. Mostrar las fórmulas juntas permite ver sus discrepancias en vez de fingir que una sola cifra es definitiva.
Las puntuaciones sirven para localizar obstáculos, no para juzgar el valor de una idea. Un nivel bajo no demuestra que unas instrucciones estén completas, y uno alto no convierte un trabajo de investigación en un mal texto. Las fórmulas no evalúan la exactitud factual, el orden lógico, la empatía, el contexto cultural, la jerarquía visual, la accesibilidad ni si el lector posee los conocimientos previos que el documento presupone.
Empieza con una audiencia y una tarea reales. Un aviso sobre prestaciones públicas puede necesitar pasos sencillos; un protocolo especializado puede exigir terminología exacta. Busca en el informe frases largas y vocabulario denso, corrige una fuente de fricción cada vez y vuelve a puntuar la nueva versión. Lee ambas versiones en paralelo para asegurarte de que una frase más corta no elimina una advertencia, una excepción, una cita o una relación esencial entre ideas.
Utiliza el nivel de consenso como referencia para comparar borradores, no como una nota universal para aprobar. Las muestras breves pueden variar mucho, y las listas, los encabezados, las abreviaturas, el código, los nombres o los textos multilingües pueden distorsionar los supuestos de las fórmulas. Termina con una prueba humana de comprensión: pregunta a alguien de la audiencia prevista qué acción realizaría, qué siguió sin entender y qué términos necesitaron una explicación.